Where Are We Now (David Bowie, 2013)

Gracias, genio. Fue un placer cantar contigo ayer.

…el 8 de enero de 2013, el ídolo regresaba tras 10 años de exilio con un sencillo truco de magia. Sin noticias previas ni calentamiento mediático, tan solo un vídeo en YouTube con una de sus más hondas canciones, Where Are We Now, confesión de senilidad y desesperanza ante la incertidumbre del tiempo restante, aún así endulzada por la noción de que el amor, ese instante que se hace eterno, podría hacer más llevadero el pasaje hacia la puerta de salida.

Ignacio Juliá

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Juventud sonora

Os dejo con un artículo inédito que escribí durante mi Erasmus en Alemania.

-¿Dónde estuviste?

-En Iena

-Qué guay, yo nunca he estado en Austria

-No, en Jena, se escribe con J pero se pronuncia Iena

:-/

Es un artículo sobre música en un estilo de escritura que ya no practico, y que de hecho me cuesta mucho seguir. Espero que vosotros consigáis iluminarme. Lo cuelgo porque los tipos que prometieron publicármelo en su fanzine dejaron de hacerlo (el fanzine), y cuando casi había olvidado el chasco ya había abierto este blog y caído en la cuenta de que hacia el final aparece la figura del trovador en la música actual. Sin profundizar demasiado en ella, pa qué.

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¿Letras o versos?

¿Pensabais que os iba a dar chicha ya? No me hagáis reir, ¡tendréis que esforzaros un poco y mostrar algo de paciencia!

En realidad, ahora tocaría hacer el típico discurso sobre por qué traducir no es un procedimiento mecánico, sino que depende de toda una serie de variables, entre las que se incluye el tipo de texto, su función y su destinatario original; la idea que el propio traductor tiene sobre su cometido, el motivo de su actividad (si le pagan o le azotan por hacerlo, si pagaría por hacerlo, si es un hobby entre otros, como la caza del oso con red o el vuelo sin motor…), y el tipo de público que tendrá la traducción.

Yo me voy a limitar a lo esencial. Al traducir canciones hay una pregunta fundamental que yo por lo menos me voy haciendo mientras traduzco: ¿Quiero que siga siendo la misma canción? ¿Quiero seguir pudiendo cantar la melodía original con la nueva letra en mi idioma? Esto sería una traducción musical. Lo más común es que en este tipo de traducciones el contenido de la letra se adapte y se parezca poco al original. A continuación, unos cuantos ejemplos:

¡MUAJAJAJAJAAA! ¡Sólo voy por el segundo post y ya he encontrado una excusa para colgar un vídeo de Aviador Dro! Pero no os soltéis, que cito a los Gipsy Kings en directo versionando a Francisco Sinatra y seguro que suben las visitas.

Qué maravilla… Sin embargo, y por extraño que parezca, se puede traducir de manera diferente a como lo hacen los Gipsy Kings. Puede que yo no tenga ese ritmazo y que solamente me interese saber qué es lo que dicen los versos originales. En ese caso, puede que me caiga de culo al traducir las sandeces que cantaban los Beatles (o los Bírols, como dicen mis primos mejicanos), o al darme cuenta de lo salidorros que estaban Led Zeppelin. En cualquier caso, cada vez que traduzco una canción con exactitud, fijándome en el contenido de las palabras y prescindiendo del aspecto musical estoy realizando una traducción literal. En el caso de que salga bonita, atienda a aspectos rítmicos, y el resultado tenga cierto valor como poema, sería  incluso literaria. Por supuesto, este resultado no está garantizado en absoluto. Pero bueno, según vaya avanzando nos daremos cuenta de quién vale más y quién vale menos… como poeta.

Volviendo al primer caso, es difícil hacer traducciones musicales que conserven el sentido original. Entre otras cosas, porque el castellano es un idioma metralleta que derrocha sílabas a lo bestia, como demuestra este estudio que me encontré en Público. Yo voy a intentar hacer traducciones musicales, pero tendré que decir lo mismo con menos palabras, y con palabras más largas. Decir pistola donde cabe gun o mariquita donde dice fag me puede llevar a la ruina, tanto por la poética como por la corrección política. Probablemente diga pum y guey (gracias, dirección de El País, por esa metedura de pata de la que no queda rastro en Google. Yo nunca la olvidaré).

Pero no, no me lo agradezcáis, ¿no os dais cuenta de que voy a resucitar a los tunos? Con la diferencia de que es posible que dejen de una vez sus clavelitos y Ninos Bravos y empiecen a cantar algo compuesto después de 1990 por alguien menor de 50 años. Igual hasta se dejan el pelo moderno y se compran ropa bonita, quién sabe… También podéis utilizar las traducciones para cantarles nanas a vuestros bellos hijos y que luego se mueran de gusto al conocer las versiones originales. ¡Quizá se salven de rebote de convertirse en unos neobakachocanijipijos de mielda!

En ese caso sí, agradecédmelo. De nada.

A la próxima, prometo traducción. Verdad patatera.

Mi primer diíta

Acabo de terminar la sección “¿y esto de qué va?”, y sigo con la introducción en la entrada inaugural, con homenaje a Homer Simpson incluido.

No es la primera vez que inauguro un blog, pero en este caso tengo depositadas ciertas esperanzas, tratándose de música popular y de acercar las letras de las canciones al gran público más próximo: el hispanohablante. Me parece razonable divertirme escribiéndolo, encontrar un hilo conductor que no me lleve a callejones mal iluminados y, al mismo tiempo, me mantenga a salvo de plazas atestadas de turistas donde no sea capaz de escucharme a mí mismo. Si yo me divierto seguro que alguno de mis amigos se irá aficionando; o quizás alguien me observe caminar con ese aire de Sheldon Cooper de letras que me caracteriza y se acerque a escrutar mi mirada. Quizás incluso alcance mis quince minutos de fama cuando algún acaudalado heredero decida pedirme gentilmente que dé de baja mi blog, ya que no estoy abonando ni un céntimo en concepto de derechos; y sin embargo traduzco sin ton ni son aclamadas composiciones líricas.

Pero seamos felices, y no adelantemos acontecimientos innecesarios. Para empezar, este mes de septiembre circulan por mi cabeza tres artistas. Los voy a nombrar y a introducirlos, por si alguien no los conociera, con sus respectivos vídeos. Ahora bien, no voy a reventar el misterio. Los temas de los vídeos no son los que traduciré para el blog.

1.   Fabrizio de André, EL cantautor italiano. El pobre tenía la cara muy picada, pero lo compensa con ese vozarrón increíble.

2.  El matrimonio/cuarteto Low, que se dedica básicamente a sublimar las locurillas del brillante esposo. El pobre Alan es mormón, o algo igual de engorroso, y lo lleva muy a pecho. Yo sostengo que su música es profundamente religiosa, y no sólo para él, sino para cualquiera que acuda a sus conciertos, misas laicas que te dejan suspendido de admiración tras una experiencia sonora intensísima.

3.  Y Twin Shadow, un señor de unos veintimuchos o treintaypocos, con bigote y residente en Brooklyn. También compone electrónicamente, y aunque yo siempre me lo imagino con gorra la verdad es que su tara reside, claramente, en ese tupé ondulado con el que nunca podrá trabajar en una oficina durante ocho horas al día, como toda persona temerosa de Dios.