Polly, de Nirvana (Nevermind, 1991)

Podéis hacer clic en la imagen para conocer algún detalle curioso sobre la historia de la portada.

Esta mañana me he enterado de que hoy, precisamente hoy, hace veinte años desde que se lanzó el disco que inauguró el sonido radiofónico de los noventa, que estalló en la MTV y desplazó a Michael Jackson de los números 1, que se cargó la vida del cantante de un grupo de medio pelo (hasta ese momento), incapaz de convivir con una fama seguramente inmerecida.

Vale, en otros sitios he leído que en realidad fue el pasado sábado, 24 de septiembre. Llego con retraso, pero es que mi compañero de piso, al que aquí conocemos como Figu, y un servidor no hemos tenido internet en el piso hasta ayer por la tarde. Así que no me interrumpáis y seguid leyendo, leñe, que os estaba contando algo medio interesante.

Es posible que Nirvana encarne como ningún otro grupo de la historia la paradoja que supone ser elegido para la fama por el “destino”; o, más bien, por ese extraño conglomerado  del público teledirigido por la industria. Es un poco como ganar Miss Universo sin haberse presentado y sabiendo que hay chicas por lo menos un poco más guapas que tú. Nirvana no era un grupo confeccionado, a la manera en que se generalizaron las bandas ultraproducidas desde mediados y finales de los noventa: podrían no haber existido, y la música de la década habría seguido un rumbo bastante semejante. No se puede decir que rompieran moldes en el sentido musical, porque se inscribían en una escena a la que no eran heterogéneos. No se sabe por qué Nirvana ha sido un grupo tan importante, son cosas que pasan.

Mi relación con Nirvana empezó cuando mi madre me regaló Nevermind. No, no lo compró para mí, yo sólo tenía 7 años en el ’91. Probablemente lo había comprado en algún momento del año siguiente, cuando se fue convirtiendo en un fenómeno masivo, y dominada por la persuasión de que algo tan grande merecía ser conocido. Algo tendrá este grupo si todo el mundo se ha vuelto loco con él. Mi madre, una mujer verdaderamente generosa, no me lo regaló en un acto de desprendimiento y sacrificio. El disco, sencillamente, no le gustaba nada, era demasiado ruidoso para ella, y era mejor que yo lo tuviera para que alguien lo usara.

Cada vez que escucho a Nirvana me llegan los recuerdos de mi oído verde, verde, y de la impresión que me produjeron aquellos temas. Por supuesto, yo no había escuchado a Mudhoney, Pearl Jam o Soundgarden, y apenas conocía a REM. Pero el agua de la portada entraba como chorros de sonido guitarrero por mis oídos, una sensación que se repite, mermada, en las raras ocasiones en que vuelvo a escuchar el disco. Una sensación que no podrá producir ningún disco que escuche ahora por vez primera. Nunca me fijé mucho en las letras, apenas se entendían los farfullos carrasposos de Kurt. Decía algo de una pistola, de un amigo… de una galleta. En realidad, Polly era la única alusión consistente a una persona concreta a lo largo de todo el álbum. Quizás por eso la haya escogido en esta ocasión. Lejos de ser una balada habitual, Polly es un texto bastante guarrete y desvahído. Seamos claros: en cuanto al contenido lírico, Polly no le llega a la suela de los zapatos ni al perreo de Iggy Pop, que es todo un himno de la sexualidad desatada de los sesenta (además de un preludio del punk), ni mucho menos a autores contemporáneos de por aquí, como Albert Plá o Robe Iniesta. Por eso, para enmendarle la plana a KC, variar un poco e inaugurar otra modalidad, os voy a ofrecer una traducción en prosa. Y de paso, el típico vídeo del Unplugged que no sé ni por qué pongo, todo el mundo conoce el tema…

Paula (versión en prosa)

Paula quiere un pedazo de barquillo, pero antes de nada será mejor que me aparte. Estoy encima de ella, con todo mi peso. Creo que también le vendrá bien un poco de agua, debe tener sed. Tiene que dar sed andar con la antorcha ardiente hasta que se consume y se apaga.

~

No soy yo, es la simiente que porto. Déjame que te recorte esas alas de mierda que llevas, de verdad que están asquerosas. Además me molestan cuando quiero ir sobre tu grupa. Deja que cabalgue un rato, pero no te vayas a hacer daño. Y échame una mano, copón, que quiero tocarme.

~

Te lo juro, te he sido fiel. Deja que cabalgue, no te cortes.

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Un comentario el “Polly, de Nirvana (Nevermind, 1991)

  1. Cuando éramos chavales no entendíamos por qué coño eran buenos los Nirvana….y 20 años después tampoco hemos encontrado la explicación. Pero joder, qué buenos eran!! Me ha encantado el artículo!!

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