Mi primer diíta

Acabo de terminar la sección “¿y esto de qué va?”, y sigo con la introducción en la entrada inaugural, con homenaje a Homer Simpson incluido.

No es la primera vez que inauguro un blog, pero en este caso tengo depositadas ciertas esperanzas, tratándose de música popular y de acercar las letras de las canciones al gran público más próximo: el hispanohablante. Me parece razonable divertirme escribiéndolo, encontrar un hilo conductor que no me lleve a callejones mal iluminados y, al mismo tiempo, me mantenga a salvo de plazas atestadas de turistas donde no sea capaz de escucharme a mí mismo. Si yo me divierto seguro que alguno de mis amigos se irá aficionando; o quizás alguien me observe caminar con ese aire de Sheldon Cooper de letras que me caracteriza y se acerque a escrutar mi mirada. Quizás incluso alcance mis quince minutos de fama cuando algún acaudalado heredero decida pedirme gentilmente que dé de baja mi blog, ya que no estoy abonando ni un céntimo en concepto de derechos; y sin embargo traduzco sin ton ni son aclamadas composiciones líricas.

Pero seamos felices, y no adelantemos acontecimientos innecesarios. Para empezar, este mes de septiembre circulan por mi cabeza tres artistas. Los voy a nombrar y a introducirlos, por si alguien no los conociera, con sus respectivos vídeos. Ahora bien, no voy a reventar el misterio. Los temas de los vídeos no son los que traduciré para el blog.

1.   Fabrizio de André, EL cantautor italiano. El pobre tenía la cara muy picada, pero lo compensa con ese vozarrón increíble.

2.  El matrimonio/cuarteto Low, que se dedica básicamente a sublimar las locurillas del brillante esposo. El pobre Alan es mormón, o algo igual de engorroso, y lo lleva muy a pecho. Yo sostengo que su música es profundamente religiosa, y no sólo para él, sino para cualquiera que acuda a sus conciertos, misas laicas que te dejan suspendido de admiración tras una experiencia sonora intensísima.

3.  Y Twin Shadow, un señor de unos veintimuchos o treintaypocos, con bigote y residente en Brooklyn. También compone electrónicamente, y aunque yo siempre me lo imagino con gorra la verdad es que su tara reside, claramente, en ese tupé ondulado con el que nunca podrá trabajar en una oficina durante ocho horas al día, como toda persona temerosa de Dios.

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